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27.1.11

LA IN-CULTA: DEBO

Una sección de Violeta K.
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Hecha por V. en Berlín :)

Nunca me acuerdo de los cumpleaños. Apenas me sé el de mi madre y el de mi padre y porqué nacieron con un mes y un día de diferencia (y unos cuantos años), así que es fácil. Me acuerdo del cumpleaños de Debo porque ella lo ha repetido mucho, porque es mi mejor amiga y porque me compré un móvil con el veintisiete al final para que nunca se me olvidara. Hoy es veintisiete, es el cumple de Debo y, casualidades de la vida, es jueves; así que hoy también hay In-culta. Pero hoy no escribiré sobre ninguna película, sino sobre un misterio que permanece absolutamente insondable: ¿Qué películas le gustan a Debo?

No lo sé. Nunca lo supe.

Suelo intuir más o menos qué puede gustar a mis allegados. Sabía que a mi amigo Àlex le gustaría Bright Star, porque a él le van las películas bien hechas, que no levantan polvo, y el trasfondo romántico no edulcorado y literario le pega mucho. Sabía que a Frédéric le gustaría Animal Kingdom, porque el director es un portento con la cámara, porque cuenta una historia oscura, porque su imagen está currada. Pero… ¿Y a Debo? Intuyo que no le gustará 127 horas, por mucho que en ella salga ese chico tan guapo llamado James Franco, pues es una película con momentos un poco aprensivos. Pero esto es tan sólo una suposición.

Nunca supe qué tipo de cine le gusta a Debo, así que una vez me pregunté por qué. Llegué a la siguiente conclusión: porque es demasiado curiosa, porque no se cierra en gustos, porque (aunque tenga prejuicios, como todos) siempre está dispuesta a aprender. Y lo mira todo con una mirada limpia (por Dios, ¡que Frede y Àlex me perdonen: no insinúo que ellos tengan una mirada contaminada!). Cuando ella se quejaba airada de que no sabía qué hacer con su vida, siempre pensaba que era porque en realidad quería hacer muchas cosas. Probar, experimentar, vivir, y luego decidir. Esa es Debo: la persona más curiosa de mi mundo. Hoy cumple treinta años, una década que vivirá, sin duda, con una enorme curiosidad.


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Me muero de la emoción y lloro a mares :) ¿Se nota que es mi BFF?

16.12.10

LA IN-CULTA: CUANDO EL AMOR NO TERMINA



Una sección de Violeta K.
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Lo bello y lo doloroso han ido a menudo de la mano, como una pareja que avanza junta por una calle parisina, como el presente y el recuerdo, que se miran furtivamente. El cine de Philippe Garrel siempre me pareció tan bello como doloroso, desde la primera vez que lo vi, una noche de octubre. Su blanco y negro con gusto por el gris, su sinceridad, sus tiempos, su capacidad para mostrar el cine como algo puro; también su melancolía, su insistencia en lo real como algo que a veces pasa por los estados de ánimo, algo que termina por empequeñecer las palabras autobiográfico y realismo –¿acaso no sería más adecuado hablar de “verdad”?–. En su cine abundan las rupturas, la muerte se aparece con frecuencia y el recuerdo de aquellos que no están se filtra por la pantalla. Y con ellos, la sombra de Nico, la que fuera su pareja durante parte de la primera etapa de su filmografía, la que fuera cantante de la Velvet Underground, la que fuera su musa, el rostro perenne de una de las películas más bellas que he visto nunca. En ‘Le bleu des origines’, Garrel la filma con una pequeña cámara a manivela, sin sonido, en un recuerdo de lo que fue el cine mudo. Fue la última película que hicieron juntos. Y Nico aparece como un fantasma, como una rememoración, como algo que fue y que –para mi y gracias a esta película– siempre será.

No hay romance, sino amor. Y no hay amor sin recuerdo, de lo que fue, de lo que sentimos y de lo que vivimos.

En ‘El placer’ de Max Ophuls, un personaje, narrador y cicerón de un carrusel de parejas, dice que él está allí “por amor al arte del amor”. Quizá Garrel haga cine por amor al amor al cine. A veces, no puedo ver sus películas, no puedo leer entrevistas con él. El dolor es demasiado intenso, demasiado profundo, como si fuera incapaz de sostener ese exceso de apasionamiento. Su obra siempre me pareció tan bella como dolorosa. Esta canción de Nico siempre me recordó al cine de Garrel.

Que el amor, que no termina, engulla el dolor y que quede sólo lo bello, como el recuerdo de una noche de octubre.

2.12.10

LA IN-CULTA: LA SEMANA GATUNA, LA MUJER PANTERA

‘La mujer pantera’ es una de mis películas de cabecera. Por lo que tiene de cine fantástico en el que se intuye más de lo que se ve. También porque representa un cine que se hacía con pocos medios y mucha creatividad. Y porque está dirigida por un genio: Jacques Tourneur. La película tiene todos los elementos de un filme de serie B (escasez de recursos económico y exceso de recursos cinematográficos); de hecho, es a raíz de esta precariedad financiera que Tourneur termina por crear una de sus indiscutibles señas de identidad: el uso del sonido y del fuera de campo (aquello que no se ve, pero se intuye).




Ya en el segundo post de la In-culta escribí sobre una secuencia en la que se elaboraba una idea mediante el sonido. En aquel cómico momento de ‘Noche en el museo’, la risa se producía por la unión entre lo que veíamos (la lucha de unos pequeños muñecos con la rueda de un coche y el plano del mismo vehículo desde lejos) y lo que oíamos (un ruido infernal y un silencio sepulcral). En una mítica escena de ‘La mujer pantera’, el asunto funciona de manera opuesta: lo que oímos es aquello que nunca vemos. Los pasos de la mujer felina son una amenaza por su sonido, no porque los veamos (¿acaso había suficiente dinero para eso?). El susto recae en el sonido tan estridente como inesperado de un autobús (recurso explotado hasta la saciedad en todas las películas de terror). En definitiva: el sonido aporta una nueva capa a la imagen. Lo más.

(Ved aquí el extracto porque de nuevo la inserción en Youtube está desactivada...)

Así que yo decidí ponerle a mi gatita querida Irina, en honor a ‘La mujer pantera’ (en el original ‘Cat People’ y en francés ‘La Féline’). Y también en referencia a un personaje que siempre me pareció absolutamente felino: la madre tan seductora como malvada de ‘Alias’, una pantera cuya maldad y amor pertenece al universo de lo sutil.


18.11.10

LA IN-CULTA: MI PRIMER PROFESOR

Una sección de Violeta K.
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No querría revelar la contraseña de mi correo, pero supongo que ya sabéis que entre esas preguntas absurdas que ponen para recuperar el password hay una que dice: ¿nombre de tu primer profesor? Y yo siempre pienso que he tenido la suerte de disfrutar de grandes profesores; sin embargo, el primero sólo fue uno: Oliver Stone. Todo se debe a esta secuencia:



Era principios de los noventa, yo apenas contaba con diez añitos y no tenía mucha idea de quién fue John Fitzgerald Kennedy. Entonces llegó Stone con su ‘JFK’ y, en una suerte de clase magistral, con todo tipo de texturas (rodó en Super8, en 35 y en 16 mm) y con una trama que se despliega como un gran abanico, describió de forma absolutamente diáfana las intrigas políticas de aquel periodo. En este sentido, la secuencia de la bala mágica resulta ejemplar: se trata del pilar de la teoría que dice que Lee Harvey Oswald no fue el único en disparar a Kennedy y Oliver Stone la expone con la máxima claridad, sabedor de que es la base tanto de la película como del discurso del fiscal interpretado por Kevin Costner.

Este artículo no viene a cuento de mi contraseña del correo, sino del estreno reciente de ‘Wall Street: El dinero nunca duerme’, una película floja, con una trama endeble y con una realización que dista del riesgo mostrado en ‘JFK’. Ahora bien, en esta película Stone ha conseguido algo que ningún periodista logró: explicar con claridad qué es exactamente la crisis financiera. De nuevo, se erige en un cineasta didáctico.

A modo de despedida, un pequeño regalito: una escena de Seinfeld que demuestra el carácter mítico de la secuencia de ‘JFK’.


V., de acuerdo con lo que dices pero te recordaré que ese churro de película en la que casi nos da la urticaria en los Icaria (toma rima, soy una crack), "Alejandro (Magno)" también era de Mr.Stone. Así que el pobre es un poco lo comido por lo servido. Y añadiré que no he podido insertar el trocito de Seinfeld porque por algún motivo está desactivada. Pero dadle al link, dadle. 
 

4.11.10

LA IN-CULTA: EL CHICO DE LA CHAQUETA, EL HOMBRE DEL TRAJE

Una sección de Violeta K.

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Siempre he creído que el hombre debería volver al traje. Un vídeo me hizo reafirmarme en esta idea. Me lo mostró el crítico Manu Yáñez en su portátil, mientras esperábamos que un coche nos viniera a recoger en un hotel de Gijón para llevarnos al aeropuerto. En él se puede ver a Joseph Gordon-Levitt, el joven protagonista de ‘500 días juntos’ y extraterrestre adolescente en la serie ‘Cosas de marcianos’, presentando el mítico show ‘Saturday Night Live’. No esperen ningún gag burdo, esto es cosa fina: una interpretación en la que un actor de Hollywood se presta a entretener (en el mejor de los sentidos) y divertir (lo mismo digo) con un numerito eminentemente físico. Gordon-Levitt salta, baila, da palmas, mueve con brío un flequillo que comienza pegado con gomina y se presta a una magia (la del cine) que aquí muestra sin tapujos su trampa y su cartón: la pared sobre la que él salta está inclinada para que él pueda propulsarse y detrás de la pared que él atraviesa hay una colchoneta que refleja que todo está preparado. Esto es cine, ¡esto es espectáculo!





El chico viste chaleco y corbata. El detalle de las Converse nos devuelve a la actualidad y nos indica que no estamos contemplando a Buster Keaton, sino a un joven que en el siglo XXI parece haber heredado los rasgos del actor clásico por antonomasia: baila, canta y siempre lleva una sonrisa en la boca, como dictan los cánones. Es el actor total: físico, con una presencia imponente (su rostro recuerda al de Heath Ledger con el que, casualidad o no, compartió pantalla en la comedia ’10 Things I Hate About You’) y con la cualidad de bucear por los distintos géneros. Si no, miren otro de sus numeritos musicales, el de ‘500 días juntos’.

Cuando Gordon-Levitt protagonizó ‘Brick’, una suerte de homenaje al cine negro que tiene lugar en un instituto, su imagen se convirtió en una especie de icono. Lejos de componer un héroe a lo Humphrey Bogart, el chico se hunde tras unas gafas redonditas, unos sencillos tejanos y camiseta blanca y una chaqueta vintage. Ya entonces, era muy consciente de su imagen: fue él quien aprobó la compra de la chaqueta, fue él quien insistió en llevar unos zapatos usados que, de hecho, formaban parte de su propio armario. Gordon-Levitt ha pasado de la chaqueta al traje. Gordon-Levitt pasó de ser un héroe que apenas puede seguir la trama en ‘Brick’ (un poco al estilo del héroe tal y como lo entienden los Hermanos Coen: un tipo corriente metido en una situación que se le escapa de las manos) a presentar, con los brazos abiertos, un show de recorrido como ‘Saturday Night Live’ y protagonizar, él solito, la secuencia más física de ‘Origen’: una danza entre los cables de un ascensor en la que Gordon-Levitt parece desafiar las mismísimas leyes de la gravedad. El chico ha cambiado la chaqueta por el traje. Y el cine ha ganado un actor tan contemporáneo como clásico.



21.10.10

LA IN-CULTA: LOS AMIGOS DE MIS AMIGOS

Una sección de Violeta K.
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Si esta sección fuera “Tu empresa handmade”, hoy me dedicaría a hablar del inventor de Facebook, de los jóvenes estudiantes de Harvard cuyo único anhelo es salir de la universidad con un proyecto millonario, de las envidias y el robo intelectual. Estaría hablando de ‘La red social’, peliculón de los pies a la cabeza. Pero como esta sección lleva por nombre “La in-culta”, trataré de escapar del argumento y me centraré en otras cositas.

EL DIÁLOGO

‘La red social’ es lo más y eso que comienza con una conversación. Así, a palo seco. Creo que ya dije que no me gustan las películas en las que hablan mucho (o mejor dicho: en las que sólo hablan), pero en esta ocasión la palabra cobra un carácter especial. Los diálogos fluyen a un ritmo feroz y las conversaciones se convierten en el espejo de toda una generación gracias a líneas perfectas y ácidas. Como aquella en la que el creador de Napster, Sean Parker, se declara victorioso tras su juicio contra las discográficas: “ganaron ellos”, le corrige uno; “¿de veras? ¿te atreves a montar una tienda de discos hoy en día?”, responde Sean. 

Por cierto, Sean Parker está interpretado por Justin Timberlake, al que ya va siendo hora de tomar en serio como actor. Y el guión lleva la firma de Aaron Sorkin, creador de ‘El ala oeste de la casa blanca’, otra crítica punzante a las altas esferas yankis.




LO SUTIL

Lo genial de ‘La red social’ es que adopta el ritmo vertiginoso de nuestros tiempos. Bajamos películas en un clic, compramos cualquier cosa en dos y en tres ya hemos quedado con el chico que conocimos durante el fin de semana. De la mano de David Fincher, la creación de una web avanza como si fuera una crucial persecución de coches, y la aparición de Sean Parker transcurre bajo el ritmo de una música que se corta en seco en cuanto este desaparece.

En ‘La red social’, Sorkin y Fincher dibujan justamente eso: las relaciones sociales, las envidias y los celos. Las miradas entre amigos siempre establecen un vínculo o una distancia y el plano contra plano (la herramienta básica del cine clásico para transmitir la idea de enamoramiento, el “chico conoce chica” hecho imagen) se pone al servicio de las turbias relaciones contemporáneas.

Mark Zuckerberg, un chaval de pelo rizado y sudadera, se ha convertido en una de las personas más influyentes y ricas del planeta. Un geniecillo, un joven antisocial capaz de crear una empresa de éxito por puro despecho amoroso. David Fincher (director) y Aaron Sorkin (guionista) han aprovechado la coyuntura para poner el dedo en la llaga de las nuevas (autistas y engreídas) generaciones y demostrar que  ellos son los auténticos genios de ‘La red social’.


¡Yo voy al cine dentro de unas horas! Y vosotros, ¿ya la habéis visto? (por cierto, que me encanta la frase del poster...)

7.10.10

LA IN-CULTA: 1+1=3. LA LÓGICA EN LA NOVELA POLICÍACA

Una sección escrita por Violeta K.
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Para los amantes de la novela policíaca, la introducción de Anthony Berkeley a su libro ‘El misterio de Layton Court’ supone la materialización de un sueño. Su texto parece estar más cerca de los deseos de un fanático del género que de un escritor. Berkeley apuesta por el realismo, por detallar todos los hechos y pistas para que el lector pueda resolver el crimen y, sobre todo, por un protagonista de carne y hueso. Su declaración de intenciones tiene un tono algo crítico: para él, las novelas policíacas parecen irreales y sus detectives carecen de fisuras. Eso es tan cierto como falso; es decir, a veces se cumple y otras no, pues el policíaco, como la literatura o el arte en general, tiene obras buenas y obras malas y en 1929, cuando Berkeley escribió esta novela, el género ya había dado algunas de sus grandes obras.

Eso sí, ‘El misterio de Layton Court’ puede servir para extraer algunos rasgos principales de la novela policíaca y sus entrañables sucedáneos televisivos.

Uno: el héroe también comete errores

Nadie es perfecto, y menos un detective privado. Pensemos en Scherlock Holmes, adicto a la droga y enamorado de una ladrona rival a la que idealiza por su inteligencia. Pensemos sino en Poirot, que siempre resuelve el caso y sin embargo nunca logra salvar de la muerte a las víctimas. Estos personajes de corte clásico contrastan con la perfecta Jessica Fletcher, que lo resuelve todo, nunca se equivoca y adopta un tono de dama impecable, siempre por encima del bien y del mal. Poirot vive con la frustración de enfrentarse a la muerte, su ironía y moral (las de su creadora Agatha Christie) resultan implacables. Fletcher, en cambio, parece desenvolverse con gracia en el terreno del asesinato. No querría emitir ningún prejuicio, pero quizá los británicos se toman el crimen más en serio; algo que en manos estadounidenses resulta banal.

(Además, y esto es una fijación personal, ¿por qué nadie sospecha de Jessica Fletcher? ¿Nadie considera extraño que una señora de Maine esté siempre en los sitios donde se produce un asesinato? ¿Qué clase de pueblo es Cabot Cove, en el que matan a alguien una vez por semana? Debe de ser la localidad con mayor índice de criminalidad del mundo, ¿no? ¿Por qué el sheriff y el médico comen tarta de cerezas con una tranquilidad pasmosa mientras un asesino anda suelto? ¿Por qué al final del episodio siempre aparece Jessica sonriendo en un plano congelado? ¿Por qué está tan contenta si han matado a alguien? En fin.)


Dos: por la boca muere el pez

En la corta vida de la In-Culta, ha aparecido varias veces la palabra “explicativo”. En cine, me da mucha rabia cuando intentan explicarlo todo con el diálogo. Una película debe ser visual; si no, mejor escuchar una radionovela (*). La materia prima de la literatura, en cambio, son las palabras; pero eso no significa que todo vale. En ‘El misterio de Layton Court’, el detective amateur Roger Sheringham tiene un compinche, alguien que está allí para escuchar cómo se desarrollan sus pesquisas; es decir: alguien cuya presencia es necesaria para que el detective pueda explicarse ante el lector únicamente a través del diálogo. En su introducción al libro, Berkeley apuesta por una ruptura respecto a las normas más dudosas del género y sin embargo cae en la más común y tediosa: crear un personaje para que el protagonista nos pueda hablar. ¿Acaso no sería más lógico o literario que las pistas y deducciones llegaran al lector mediante la labor del escritor y no de un personaje “de azúcar”? Elemental, que diría Holmes.

Esta artimaña podríamos titularla el “principio de Watson”, porque su origen (al menos en el marco de la novela policíaca) se encuentra en el mítico compañero de Holmes. Así que hablando de Watson, quisiera apuntar una idea sobre matemáticas cinematográficas. La serie televisiva ‘House’ resulta sin duda una versión encubierta de Holmes: adicto a una droga (a la vicodina), de carácter irascible, amante de los procesos deductivos y con su propio Watson (Wilson). Hasta aquí, nada que no haya desvelado el Teletodo. Lo curioso del asunto se da en 2009, cuando Guy Ritchie dirige un ‘Sherlock Holmes’ más cercano a House que a Holmes. La cámara se dedica a recorrer los cuerpos de los adversarios mediante unos trucos digitales que emulan los de la serie y las conversaciones entre los dos amigos detectives poseen el mordiente y la informalidad de la relación entre los dos doctores televisivos. En definitiva: se trata de la curiosa adaptación de un clásico y un ejemplo perfecto de cómo los iconos de la cultura popular van mutando con el tiempo. Holmes+TV=House y House+Cine=El Holmes de Ritchie. Lógicamente, que diría Cruyff.


Creo firmemente en la novela policíaca. Sobre todo, porque creo en el género, pues a menudo bajo sus postulados y fórmulas populistas hay mucha miga. Detrás de los misterios de Agatha Christie, por ejemplo, se esconden los ecos de la convulsa historia de la Europa de la primera mitad del siglo XX. Detrás de las novelas de Simenon, un fuerte contenido moral; igual que en la oscura serie en torno al detective Charlie Parker firmada por John Connolly. Eso sí, siempre existirá la trampa y puede que en algunas novelas policíacas, 1+1 no sumen 2.


(*) O bien, ver un ejercicio extremo en torno a la palabra y el cine como ‘Branca de neve’, de João César Monteiro, una adaptación de ‘Blancanieves’ de Robert Walser en la que los intérpretes recitan el texto sobre una pantalla en negro. Sé que suena a aburrimiento (lo mismo pensó la acomodadora de la sala donde la vi, sola, cuando me vino a preguntar: “¿realmente te ha gustado esto?”), pero es una obra bellísima sobre el cine y la literatura y una auténtica experiencia sensorial (lo sé, la expresión es odiosa). Volveré a ‘Branca de neve’ en el capítulo “Por qué el cine se debe ver en el cine”.


Bueno, oye, yo era muy fan del Sherlock de Miyazaki y de los libros de los Cinco y los Hollister y de Puck, que también resolvían misterios. Y por si os sentís mal, puede que a mi sí que me pareciera un aburrimiento "Branca de neve"... pero igual le digo a Ari a ver si la vemos y lo corroboramos.

23.9.10

LA IN-CULTA: CÓMO QUEDAR SIEMPRE BIEN

Una sección escrita por Violeta K.

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Siempre queda bien ir a una fiesta con una botella de vino. Tiene un punto refinado (a diferencia de la cerveza, más si es Xibeca o en lata) y suave (a diferencia de la ginebra, el ron u otras bebidas más fuertes, ideales para celebraciones entre colegas pero arriesgadas cuando no sabes muy bien dónde vas). Se podría decir que es el presente infalible, como una caja de bombones para un amigo invisible al que casi no conoces.

Hoy, la In-culta querría hablar de botellas de vino, de aquellas frases que hay que llevar siempre a una fiesta: frases infalibles, que quizá no son las más adecuadas al contexto o las más elaboradas pero que permiten quedar siempre bien. El objetivo de todas ellas suele ser el mismo: no decir nada pero aparentar que tienes una opinión. La más empleada entre los críticos para huir de la clásica pregunta “¿esta película es buena?” es la frase “tiene cosas”, cuya variante más amable y próxima es “tiene cositas”. Es una manera de no mojarse, pues en realidad, lo que se puede leer entre líneas es algo así como “hay algunas cosas que me gustan y otras que no, así que como no sé cómo posicionarme me invento esta frase que no termina de decir nada”. Su formulación más formal (la botella más cara): “es una película interesante”.

El asunto, el verdadero asunto, es que a veces es mejor llevar unas cervezas, si es lo que a una le apetece; o una ginebra, si se busca la borrachera. Es decir, a veces es mejor dejar a un lado las cositas y posicionarse con vehemencia según las convicciones.


Dicho esto y con mucho ánimo de contradecirme, hoy voy a hablar de una película que tiene cositas (y muchas): "Noche en el museo". Y voy a aprovechar una de esas cositas para hacer una reivindicación. La película flaquea en muchos puntos (su sensiblería, el gusto por una trama más o menos convencional), pero tiene momentos (cositas) brillantes. Y hay una que a mi, personalmente, me encanta. En una de las escenas de la película, las dos pequeñas figuritas (que cuando cobran vida están encarnadas por Steve Coogan y Owen Wilson) intentan romper la válvula de coche para deshinchar la rueda. Como en realidad no son más que unos muñequitos, la imagen de sus pequeños cuerpitos junto al neumático no es más que un plano detalle en el que el sonido del aire que va saliendo se convierte en un ruido ensordecedor. La gracia de la escena reside en el plano general que viene a continuación: a tamaño natural (desde la vista de un humano), el ruido de la rueda que se deshincha apenas resulta audible y el entorno del coche parece de lo más apacible.


¿Por qué me gusta esta secuencia? Porque es brillante, ingeniosa. Porque juega con herramientas propias del cine (el plano detalle y el plano general). Y porque reivindica algo a menudo denostado: la utilización del sonido. Siempre se ha insistido en que el periodo del cine mudo siempre fue el de la efervescencia creativa: cuando se asentaron las bases de la narración cinematográfica, cuando se permitió más trasgresión, cuando no se abusaba del diálogo y todo recaía en lo visual. Todo esto es cierto; pero también es hora de reivindicar el sonido y las posibilidades creativas que ofrece.


Por desgracia, esta historia no termina bien. En Noche en el museo 2, el director Shawn Levy repitió gag, quizá en un síntoma de agotamiento. A la escena le añadió una música exagerada, como si con el sonido no fuera suficiente. Segundas partes nunca fueron buenas. Espero, al menos, que la segunda entrega de la In-culta no haya sido tan desastrosa como marca el dicho.



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¿Qué os parece? La gran crítica de cine hablando de una peli que a priori yo calificaría de "gran chorrada estúpida y sin gracia para niños con risa fácil". Para que veáis que una vez se analizan las cosas, no todo es ni tan blanco ni tan negro sino tipo gris marengo.
¡Hasta la semana que viene, Violeta!

9.9.10

LA IN-CULTA: EL ORIGEN

Una sección escrita por Violeta K.

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Es curioso. Se supone que ya estoy más que acostumbrada a enfrentarme a una página en blanco. Es mi trabajo, una suerte de día a día. Pero nunca escribí en un blog y aquí tengo ciertas exigencias: ser amena, alcanzar un tono si no divertido, al menos desenfadado, y sobre todo ‘iluminar’ sin caer en la pedantería.

Así que empecé escribiendo sobre Origen. “¿Origen sí u Origen no?”. Así comenzaba. Pensé que la película de Christopher Nolan se ha convertido en uno de los temas de debate de la temporada. Los críticos no se han puesto de acuerdo, tampoco los espectadores. Pensaba que el título de la película era perfecto para un primer post. Origen. Pensaba también que me permitía explicar un poco cuál era el ánimo de esta sección, tal y como me la encargaron desde Dumbo y tal y como yo la he asumido. Dar algunas directrices e informaciones para poder mantener una conversación (ya sea sobre cine, música o fútbol) y estar a la altura. Eso me pidieron. Y yo pensé: sí, eso, pero sobre todo, convertir esta sección en una defensa de la opinión fundamentada. Es decir, proporcionar herramientas para argumentar y armar ideas propias.

Y así pensé en Origen. Porque yo soy muy de Origen y porque más o menos todos y todas la han visto o han oído hablar de la película. He tenido que defender mis opiniones ante cinéfilos curtidos y espectadores de temporada, así que me resulta más o menos fácil exponer esos argumentos. Podría decir que Origen ejemplifica a la perfección la cuestión de que un blockbuster tiende a ser explicativo (subrayar con los diálogos su discurso, algo que no me gusta pero es así) y con tendencia a la emotividad (Leonardo DiCaprio, su difunta esposa y la no-imagen de los niños), pero eso no excluye que en él puedan haber ideas rompedoras. Podría decir que una debe saber qué va a ver para no caer en la trampa de entrar a ver una película de Hollywood con Leonardo DiCaprio con las expectativas de un filme sueco de bajo presupuesto. Y sobre todo podía explicar cómo Origen rompe con las leyes propias de la narración. Se centra en la idea del sueño, de los espacios oníricos que se crean, de un tiempo que poco tiene que ver con la realidad. En un momento, el personaje al que interpreta Leonardo DiCaprio comenta que en un sueño no llegas de manera lógica y lineal, sino que te sitúas allí de repente. Eso es lo que hacen Nolan con Origen: convierte la película en un sueño. La acción arranca de repente y a menudo hay saltos que rompen con el sentido lógico y lineal de la escena.

crédito


Como ejemplo, una escena aparentemente intrascendente: el protagonista y su compinche se acercan a un helicóptero, descubren que el malo ha raptado a uno de sus compañeros. Los dos se sorprenden y en el plano siguiente ya están sentados en el helicóptero. Las leyes propias de la continuidad (la lógica de la escena, según la cual después de A viene B, luego C) se vienen abajo. En Origen, después de la A viene la C. Y de la B no queda ni rastro.

Podría apuntar todo esto y, sin embargo, para hablar con propiedad de Origen es necesario explicar algunas cosas de la historia del cine, de las maneras de narrar, de las diferencias con Shutter Island, con la que comparte tanto y tan poco. Entonces pensé que quizá intentaba construir la casa por el tejado, que quizá Origen es el título perfecto, pero en realidad es un tema que debería ir al final, cuando ‘La in-culta’ ya haya alcanzado unas cuantas ediciones, cuando ya haya explicado como el cine fue primero de la A a la B. Debería dibujar el abecedario cinematográfico. Así que dejé de escribir, creé un nuevo documento y me enfrenté de nuevo a la página en blanco.

En pleno momento de receso, le mandé un mail a la jefa de este blog con el nuevo vídeo de promoción del Barça. (Paréntesis importante: llevo años insistiéndole en el fútbol, intentando, siempre sin éxito, que empatice con mi equipo). Para mi sorpresa, ella ve el vídeo, se emociona (eso no es sorpresa) y se declara fan del Barça. ¿La conclusión de este entuerto? Un clip emotivo, con la resultona música de Manel y con un contenido acorde con la realidad tiene más fuerza que cualquiera de mis discursos. Lo peor (lo mejor) de todo, es que el anuncio resume a la perfección el ánimo de este Barça, el de los Xavi, Iniesta y Messi. El de gente normal, que no son estrellas (como Ibrahimovic). 

Me gustaría que en un tiempo (y como me gustan las apuestas pondré como fecha hasta fin de año) pueda escribir algo sobre Origen con la eficacia de este vídeo.


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¿Qué os parece? ¿Origen sí u Origen no? ¿Barça de gente normal sí o Barça de gente normal no? Hay tantos temas en este texto que no sabría por cuál preguntaros. ¡Hasta la semana que viene, Violeta!

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