Let's GOW Puigcerdà! from Girls Over Wheels on Vimeo.
Ah, me muero de la envidia viéndolas bajar a toda velocidad, bailando sobre la tabla y cayéndose y haciéndose sangre sin que les importe. Chicas valientes y sin miedo al dolor que además parecen la mar de simpáticas. Y jóvenes. Yo creo que una de mayor ya no puede ponerse a hacer según qué. Yo con mi skate tenía un miedo de la hostia y al primer piño y rascada de rodilla y codo no me quise subir más. Y de esto solo hace meses, si lo hubiera intentado cuando era algo más inconsciente quizás hoy saldría de paseo con ellas.
Siempre he sentido mucho respeto por las personas que practican este tipo de deportes en que caerse y hacerse daño es parte del aprendizaje. Y que cada vez que se caen se levantan y vuelven a intentarlo una y otra vez. Son deportes en los que cuesta avanzar porque hay que poner mucho coraje y tener un par de cojones bien grandes, o poco amor por tu vida (no mal entendido, me refiero a no tener miedo a hacerte un daño grave, a tener un accidente serio, a que tu vida esté en juego). Quizás un amor por la vida relativo sería lo más correcto de decir. O un amor tan grande por la vida que lo que quieres es exprimirla al máximo para que cada segundo sea un subidón de adrenalina. Yo no tengo ni idea de lo que se siente pero me imagino que es un poco un chute al que te vuelves adicto y así aumentas el nivel de los retos, de las piruetas, de los saltos mortales, del ángulo de las pendientes, de lo cerrado de las curvas de la carretera, de la altura y ferocidad de las olas... lo que sea que aplique en cada caso.
Y avanzar en cada técnica es como demostrar que te estás superando a ti mismo de una forma muy clara y visual. No es como los demás, que podemos decir: “sí, estoy trabajando un montón en mi proyecto, me estoy superando a mi mismo”. En estos casos el resto de la humanidad te mira como pensando o bien que eres una egocéntrica o bien que eres muy imaginativa, sobre todo si no se traduce en dinero en tu cuenta, dinero que puedas enseñar comprándote cosas caras y convirtiéndolo en un símbolo de tu éxito, éxitos que puedas demostrar al mundo en forma de entrevistas en papel (las online ya sabéis que no valen mucho), apariciones en la tele, reconocimiento en el extranjero. Símbolos que se validan sólo con más y más símbolos.
En el deporte el símbolo son segundos de menos, son carreras ganadas, son piruetas hechas o no hechas, son retos concretos conseguidos. Y son cosas demostrables, que pueden quedar grabadas y que puedes enseñar y decir “lo hice”. Y también necesitan de ese reconocimiento.
Si un éxito se alza en medio de un bosque y no hay nadie para oírlo excepto el que lo ha levantado, ¿deja de ser un éxito?. Probablemente no, y cause euforia momentánea en plan “yo sé que lo hice”, pero nunca tendrá un sabor tan dulce como el éxito que se demuestra frente a nuestros semejantes. Frente a nuestra familia, los compañeros del colegio, los de la universidad, los imbéciles que nos dijeron que no llegaríamos a nada, los que nos apoyaron desde el principio y sabemos que estarán orgullosos de nosotros. Todos.
¿Cuánto necesitamos el reconocimiento de los demás, de nuestra tribu, de nuestro grupo? Lo necesitamos mucho. Si buscamos clientes, lo necesitamos porque esos símbolos nos traerán más clientes. Si buscamos satisfacción personal, esos símbolos nos asegurarán que no estamos trabajando en vano, que lo que hacemos vale, que hay alguien más a parte de nosotros que lo piensa y se molesta en gritarlo al mundo y no nos hace quedar como unos subnormales y unos perdedores dedicados a la nada.
No es nada malo necesitar reconocimiento, no es nada malo reconocer que necesitamos reconocimiento. Yo trabajo para mi, y escribo el blog también para mi, por puro placer. Pero quizás si al cabo de cierto tiempo de estar escribiéndolo cada día no hubiera habido respuesta en forma de visitas puede que en algún momento de mucho trabajo o de otros proyectos lo hubiera abandonado o pospuesto o dejado en segundo o tercer plano. No porque no me gustase escribirlo, me gustaría lo mismo que me gusta ahora. Pero ahora sé que hay personas esperando leerlo. Que si desaparece quizás lo echen de menos unos días hasta que encuentren otro para sustituirlo. No será una gran pérdida en absoluto, pero sé que ha entrado a formar parte de la rutina de algunas personas así que eso me motiva a seguir escribiéndolo, tenga mucho o poco trabajo, esté enferma o con ganas de hacer otras cosas. Y eso es porque sé que hay gente al otro lado que aprecia mi esfuerzo en este sentido, y sí, lo necesito para motivarme cuando igual no tengo ganas de escribir nada o tengo un bajón de energía. En primera instancia lo escribo por y para mi, pero ahora ha entrado en juego la segunda variante, el público.
Y al igual que estas chicas que patinan quieren tener público (por eso graban videos bonitos, porque quieren darse importancia, convertirse en algo que esté de moda y así conseguir sponsors para poder practicar y seguir sus sueños con algún apoyo económico que les financie material, viajes, lo que sea), todos los que hacemos cualquier cosa y emprendemos cualquier negocio queremos tenerlo y usamos las herramientas que tenemos a nuestro alcance para conseguirlo. El público es nuestro único valor, porque el público son o bien nuestros clientes o nuestra fuerza frente a potenciales clientes o inversores.
No hay que asustarse al decir que necesitamos público, que queremos reconocimiento. Olvidemos el estigma del egocentrismo que tanto miedo nos da. No somos rockstars, no necesitamos baños de masas, en realidad ni siquiera queremos ser famosos (aunque tampoco habría nada de malo en querer ser famoso, la verdad, no es mi estilo pero es perfectamente respetable). Sólo tenemos nuestros pequeños sueños propios y queremos llevarlos a cabo en nuestro pequeño trozo de mundo, nuestra pequeña comunidad de personas que nos entienden y que respetan lo que hacemos. Y esto no es un clásico post de “Tu empresa handmade” pero podría serlo si quieres utilizarlo a tu favor.
¿Mi consejo? Construye tu trozo de mundo piedra a piedra y luego encuentra personas que quieran poblarlo contigo. No al revés, porque si no tienes nada que ofrecerles no tienen por qué quedarse a vivir cerca tuyo.
Y conocer gente que esté en tu situación siempre es la mejor manera de empezar a construir algo (a mi me funcionó y tengo cientos de ejemplos de otras personas a las que también les funcionó), así que si sabéis qué quiere decir craft, sois de género femenino y vivís en cualquier parte de España o el mundo, tenéis la oportunidad de venir a pasar un fin de semana conmigo, con Laura, con Inma y otras crafters y otras chicas/mujeres (siempre digo chicas pero no significa que tengamos 18 años, la verdad) como vosotras en Barcelona. Sé que es un reto, sé que da vergüenza, sé que hacen falta ovarios (que no cojones, cojones no tenemos ninguna), sé que hace falta dinero, sé que da miedo pensar que una no va a encajar, que todas van a ser mejores (mejores en qué? es algo absurdo, pensadlo con realismo). Pero también sé que cuando alguien quiere algo se busca la vida para conseguirlo y cosas contables como el dinero dejan de ser un problema. Y si no, es que no lo quiere lo suficiente o no encuentra el valor para quererlo lo suficiente.
Y sé que Craft and the City es una oportunidad para empezar de nuevo, para inspirarse, para volver a casa con cien veces más energía y poder. Y sé que de ahí van a salir cosas guays (y no me refiero sólo a las manualidades que hagamos). Porque como dice el vídeo,
“JUNTAS ES MEJOR”.
